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Maduro reprueba el examen de alfabetismo económico de Venezuela

Durante mi testimonio ante el Comité de la Cámara de Representantes sobre Asuntos Externos de US, en abril de 2017, enfaticé que para establecer la estabilidad y dar un giro a la economía de Venezuela, la galopante inflación debe ser detenida. Después de todo, la estabilidad puede que no sea todo pero nada es posible sin la estabilidad.

Desde entonces, la inflación en Venezuela se ha disparado a nuevos niveles que se acercan a la hiperinflación. Para comprender la magnitud del problema de la inflación en Venezuela, un ejemplo simple: La tasa de inflación anual (año/año) para el pollo. El precio de inflación actual del pollo anda por una tasa anual de 771%. Note, que la oleada en la tasa de inflación en el precio del pollo refleja el aumento global en la tasa de inflación anual implícita para Venezuela.


Existen sólo dos maneras a prueba de fuego para acabar con la inflación en Venezuela y establecer condiciones equilibradas que son importantes para llevar a cabo reformas económicas muy necesarias. Una de ellas es desechar el bolívar y dolarizar la economía oficialmente, una opción de la cual hablé en un artículo de Forbes en Agosto:

Detengan la espiral de la muerte económica de Venezuela, dolaricen ya. Un segundo método sería adoptar una caja de conversión. En ese sistema, el bolívar sería un clon de una moneda de anclaje estable como el dólar US. ¿Qué es una caja de conversión? Una caja de conversión ortodoxa emite billetes y monedas convertibles en demanda en una moneda de anclaje extranjera a una tasa fija de cambio. Es de bajo riesgo, bono con intereses denominados en la moneda de anclaje como reserva.

Los niveles de reserva (ambos, mínimo y máximo), son establecidos por ley e iguales a 100% o ligeramente mayor de sus pasivos monetarios. Una caja de conversión genera ganancias de la diferencia entre el interés que devenga en sus activos de reservas y el gasto para mantener sus pasivos. Las operaciones de una caja de conversión son pasivas y automáticas. La única función de una caja de conversión es intercambiar la moneda local que emite por la moneda de anclaje a una tasa fija.

Consecuentemente, la cantidad de moneda local en circulación es determinada únicamente por las fuerzas del mercado, es decir la demanda de la moneda local. Una caja de conversión no emite crédito al sistema bancario. Tampoco puede actuar como prestamista de última opción o extender crédito al sistema bancario. No puede, además, hacer préstamos a las autoridades fiscales ni a empresas propiedad del estado. Críticamente, una caja de conversión impone duras restricciones de presupuesto y disciplina en la economía. Una caja de conversión no requiere condiciones previas para la reforma monetaria y puede ser instalada rápidamente.

No se necesitan reformas de las finanzas gubernamentales, empresas del estado o negociación para que la caja de conversión comience a emitir la moneda. Los países que han empleado la caja de conversión han mantenido la convertibilidad de la moneda y arrojan bajas tasas de inflación, menores déficits fiscales, bajos niveles de deuda relativa al Producto Interno Bruto, menos crisis bancarias, y mayores tasas reales de crecimiento que países comparables que han empleado bancos centrales.

Es importante mencionar que, al inicio de este siglo, la idea de la caja de conversión llegó a estar envuelta en una gran controversia, gracias a Argentina. Lo que Argentina llamó “convertibilidad”, se introdujo en abril de 1991 para detener la inflación, lo cual ocurrió. El sistema tenía ciertas características de la caja de conversión: una tasa fija de cambio, completa convertibilidad y un mínimo de reserva para cubrir por el peso de un 100% de su moneda de anclaje, el dólar US. Sin embargo, tenía dos características que la descalificaban de ser una caja de conversión ortodoxa.

Primero, no tenía un límite máximo en la cantidad de activos extranjeros mantenidos por el banco central relacionados con los pasivos monetarios del mismo. Como resultado, el banco central podía tomar parte en actividades de neutralización y esterilización, lo cual hizo. Segundo, podía mantener y alterar el nivel de activos domésticos en su hoja de balance. En consecuencia, las autoridades monetarias argentinas podían tomar parte discrecionalmente en las políticas monetarias, y lo hizo agresivamente.

Debido a estas fallas, escribí un artículo que apareció en la edición del 25 de octubre de 1991 del Wall Street Journal. Concluí que, mientras Argentina adoptara la ortodoxia y enmendara la Ley de Convertibilidad, el sistema eventualmente colapsaría. Y fue lo que pasó en 2002. El colapso de la Convertibilidad generó una industria artesanal de críticas de la caja de conversión.

Pero ya que el sistema de Caja de Conversión Argentino permitió políticas monetarias y de tasa de cambio, no era una caja de conversión, algo que la mayoría de los economistas fallan en reconocer. De hecho, una encuesta experta de casi 100 economistas líderes quienes comentaron sobre el Sistema de Convertibilidad dio como resultado que casi el 97% lo identificó de forma incorrecta como un sistema de caja de conversión.

De modo que quienes usaron el colapso del Sistema de Convertibilidad de Argentina en contra de las cajas de conversión literalmente no sabían de lo que hablaban. ¿Cómo puede entonces la comunidad internacional apoyar la caja de conversión como solución a la inflación galopante en Venezuela? Para mí, la respuesta llama la atención del pasado en 1992. Fue entonces cuando trabajé con el entonces líder del Senado estadounidense, Senador Bob Dole y Senadores Steve Symms y Phil Gramm para elaborar una legislación US que estimulara países con monedas inestables e inflación galopante para implementar cajas de conversión.

Esta legislación, (HR-5368, Ley Nº 102-391) fue firmada como ley el 6 de octubre de 1992. Sin la adopción de una caja de conversión (o dolarización), Venezuela continuará estando en las garras de la espiral de la muerte económica. Olviden la retorica del Presidente Maduro: “Venezuela implementará un nuevo sistema internacional de pagos y creara una cesta de monedas para liberarnos del dólar.” De hecho, el Presidente ha reprobado todos los exámenes de alfabetismo económico que haya tomado.
Orige: Forbs
Autor Steve H. Hanke
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